Nos vemos, Nueva York.
6 de julio de 2011
A PUNTO.
Nos vemos, Nueva York.
5 de julio de 2011
Y al parecer me sienta bien pelear.
No hay aprecio. Ya no se valoran las cosas que se hacen por los demás. Es atacar una y otra vez, como si se estuviera buscando la explosión.
1 de julio de 2011
Soñemos a lo grande.
"Por algún motivo, siempre he sentido un amor irracional por Nueva York. No existe ninguna razón particular para amar esta ciudad. Es carísima. Y pocas cosas tiene que funcionen...Pero impera un total caos; y ese caos proporciona placer a muchas personas"
Ya no puedo esperar más. Quedan cinco días para por fin poder vernos y no puedo con los nervios. Se me está haciendo eterno, mi madre se empeña en que piense ya qué meter en la maleta, pero sé que no voy a ser capaz hasta última hora...y que entonces me pondré nerviosa. Tacho los días del calendario como si fuera capaz de controlar el tiempo, para pasar los días más rápido y llegar a ti.
Lo sé, soy un tostón, una plasta, como quieras llamarlo; me paso todo el día hablando de ti, pero qué quieres que te diga si eres uno de mis sueños, si por las noches eres sobrenaturalmente preciosa.
Ponte guapa (no creo que te puedas poner más guapa), porque dentro de poco estaré contigo para retratarte y hacerte brillar con el flash. Te juro que la primera noche me sentaré en la terraza para mirarte. Voy a despertarme en ti, tú que nunca duermes. Te veré de todas maneras: día, noche, nublada, acalorada...
Recuerda, además, que no será la última vez que te vea...si no la primera de otras muchas.
29 de junio de 2011
No sé si aún me recuerdas, nos conocimos hace ya varias décadas. Te encontré cerca de la vía, demasiado cerca. Aún no me lo explico, no sé qué razones tenías para hacerlo.
Siempre has sido la más guapa, diferente al resto de la sociedad, no aceptas un no por respuesta y quieres buscarle sentido a todo.
Cuando te vi allí, a punto de saltar, conseguí sujetarte por el brazo. Tú me miraste y forcejeaste ¿recuerdas?. Pero rompiste en lágrimas y, aún desconociéndome, te tiraste a mis brazos...y yo no pude por menos que rodearte, me pareciste frágil.
Nos sentamos en las escaleras del metro, pero huiste y te perdí el rastro...he de reconocer que esa noche no pude dormir, era como si me hubiera tomado una taza gigante de café.
Suerte o destino, nos volvimos a ver a los dos días en la cafetería que, más tarde, descubrimos que frecuentábamos. Tres días más y me dijiste que eras mía.
Las playas eran nuestra carretera diaria, nos sentábamos a la orilla y tú siempre mirabas nostálgica al horizonte...nunca te pregunté la razón, pues estabas tan absorta en tus pensamientos que ni siquiera te dabas cuenta que se hacía de noche y la temperatura descendía a trompicones.
El pelo se te metía en la cara cuando hacía viento y a mi me encantaba apartártelo, y darte un beso después para verte sonreír.
Era muy difícil sacarte una sonrisa, tu mente estaba cerrada en un vacío negro que sólo te dejaba ver lo negativo de la vida. Pero aún así lo eras todo para mí, me encantaba cuidarte.
Siempre que me despertaba sabía que ibas a estar mirando por la ventana, con tu jersey de lana holgado que te tapaba hasta la cadera, el pelo suelto y despeinado. Me dirías buenos días y yo te cogería por detrás para darte un beso y hacerte sonreír.
Ese día, el cielo, decorado con numerosos lunares blancos, se acostó al mismo tiempo que nosotros. A la mañana siguiente, me giré en la cama como todos los días para verte una vez más en la ventana...pero no estabas. Te busqué por toda la casa, que se me hacía inmensa.
Ahora sólo me queda escribirte cartas, con la esperanza de que lleguen donde tu estás. Sí, llegué tarde a decirte que te quedaras toda la vida conmigo...decidiste ponerle final a la tuya adentrándote en las olas. Y así te fuiste. Te hundiste. Desapareciste. Para siempre. Me dejaste con un baúl lleno de ilusiones apartado en una esquina, que poco a poco se ha ido llenando de polvo...ya no quiero limpiarlo, no quiero tocarlo, es el único recuerdo que me queda de ti: aquel baúl en el que, cada noche, tirábamos un papel con un sueño que queríamos compartir escrito.
Ahora apago la luz, y aún a oscuras, puedo distinguirlo. Es una noche estrellada, como aquella.
Siempre has sido la más guapa, diferente al resto de la sociedad, no aceptas un no por respuesta y quieres buscarle sentido a todo.
Cuando te vi allí, a punto de saltar, conseguí sujetarte por el brazo. Tú me miraste y forcejeaste ¿recuerdas?. Pero rompiste en lágrimas y, aún desconociéndome, te tiraste a mis brazos...y yo no pude por menos que rodearte, me pareciste frágil.
Nos sentamos en las escaleras del metro, pero huiste y te perdí el rastro...he de reconocer que esa noche no pude dormir, era como si me hubiera tomado una taza gigante de café.
Suerte o destino, nos volvimos a ver a los dos días en la cafetería que, más tarde, descubrimos que frecuentábamos. Tres días más y me dijiste que eras mía.
Las playas eran nuestra carretera diaria, nos sentábamos a la orilla y tú siempre mirabas nostálgica al horizonte...nunca te pregunté la razón, pues estabas tan absorta en tus pensamientos que ni siquiera te dabas cuenta que se hacía de noche y la temperatura descendía a trompicones.
El pelo se te metía en la cara cuando hacía viento y a mi me encantaba apartártelo, y darte un beso después para verte sonreír.
Era muy difícil sacarte una sonrisa, tu mente estaba cerrada en un vacío negro que sólo te dejaba ver lo negativo de la vida. Pero aún así lo eras todo para mí, me encantaba cuidarte.
Siempre que me despertaba sabía que ibas a estar mirando por la ventana, con tu jersey de lana holgado que te tapaba hasta la cadera, el pelo suelto y despeinado. Me dirías buenos días y yo te cogería por detrás para darte un beso y hacerte sonreír.
Ese día, el cielo, decorado con numerosos lunares blancos, se acostó al mismo tiempo que nosotros. A la mañana siguiente, me giré en la cama como todos los días para verte una vez más en la ventana...pero no estabas. Te busqué por toda la casa, que se me hacía inmensa.
Ahora sólo me queda escribirte cartas, con la esperanza de que lleguen donde tu estás. Sí, llegué tarde a decirte que te quedaras toda la vida conmigo...decidiste ponerle final a la tuya adentrándote en las olas. Y así te fuiste. Te hundiste. Desapareciste. Para siempre. Me dejaste con un baúl lleno de ilusiones apartado en una esquina, que poco a poco se ha ido llenando de polvo...ya no quiero limpiarlo, no quiero tocarlo, es el único recuerdo que me queda de ti: aquel baúl en el que, cada noche, tirábamos un papel con un sueño que queríamos compartir escrito.
Ahora apago la luz, y aún a oscuras, puedo distinguirlo. Es una noche estrellada, como aquella.
20 de junio de 2011
¿Cuántas sonrisas liberamos al día? Depende de las personas, y de las situaciones. Si eres feliz eres capaz de sonreír cien veces en un día, en cambio, si algo nos asusta no somos capaces ni de intentarlo.
Pero cuando sueñas algo que te agrada, el número de sonrisas se multiplica. En los sueños también se pueden ver sonrisas...para eso son sueños, en los sueños uno es libre de vivir lo que quiera.
Pero cuando sueñas algo que te agrada, el número de sonrisas se multiplica. En los sueños también se pueden ver sonrisas...para eso son sueños, en los sueños uno es libre de vivir lo que quiera.
Cuando yo sueño, por ejemplo, la mayoría de las veces sueño con él. Seguro que sonrío mientras duermo, pero cuando me doy cuenta de que no es real, que no está, me hundo.
Otras veces sueño esos sueños tan extraños en los que se mezcla de todo y te despiertas hasta avergonzada.
También he soñado que me caía por las escaleras o que corría y podía volar por la ciudad.
He soñado con Nueva York, muchísimas veces, y he andado por sus calles.
Y he de reconocer que me encantaría tener una cámara para grabarlos, y así poder revivirlos cuando lo necesitara.
Y he de reconocer que me encantaría tener una cámara para grabarlos, y así poder revivirlos cuando lo necesitara.
Como ahora.
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