15 de julio de 2011

Hoy, bueno, ayer si lo miras en horario español, estuve contigo por última vez. Mientras el avión despegaba todavía podía verte por desde la diminuta ventana, a lo lejos, más allá de toda la pista de aterrizaje y su espectáculo de luces, mucho más allá, iluminando la noche...parecía que me decías adiós, que te despedías de mí, que me deseabas un buen viaje y me prometías que esperabas verme pronto...la antena del Empire State se encendía y apagaba continuamente, y llegaba con mucha fuerza hasta el avión. También podía ver el Chrysler, el pequeño de la familia.
Te prometo que te estuve mirando hasta que la perspectiva no dejaba verte más, y fue ahí cuando pensé: "Nos vemos pronto, Nueva York" y te tiré un beso sin que nadie me viera, me tomarían por loca.
Y ahora te echo de menos, muchísimo...echo de menos andar por tus enormes aceras, correr entre los taxis para cruzar, saltar por el paso de cebra pisando sólo las líneas blancas, cenar sentada en Times Square y verme todos los anuncios que ya me sé de memoria, emocionarme al oír el carrito de los helados, mirar hasta lo más alto del Empire State cada vez que paso a su lado, meterme en la cama con la manta hasta arriba viendo todas tus lucecitas, despertarme con el sonido de la calle, tirarme cuesta abajo con la bici en Central Park sin miedo, entrar en Little Italy y transportarme a lo más profundo de Italia pero sin irme de ti, bajar y subir avenidas durante todo el día, descubrir algo nuevo en cada esquina, ver bailes por la calle, llamar taxis como tú y yo sabemos, soñar viendo edificios con ventanales enormes, bajar a Brooklyn todas las noches para verte desde el otro lado brillando en la noche, empaparme con la lluvia mientras estoy recogida entre tu regazo...Sé que mañana me despertaré y ya no te voy a ver dándome los buenos días.
Eres como un sitio a parte, una burbuja que se separa del resto del mundo, aislándose en el suyo propio...vuelas alto, lejos. Sí, como las burbujas...haces reír, creas sueños. Ilusiones.
Enamoras allá por donde pasas, eres más guapa que cualquiera de las supermodelos que te habitan. Eres tú, Nueva York.
Te convertiste en mi sueño, te he soñado mil veces por la noche, me he levantado alegre porque pensaba que estaba contigo, después me he hundido porque era un mero sueño, pero al final te has cumplido.
No soy capaz de esconderlo, no soy capaz de negar que te echo muchísimo de menos, que esto va a tardar en pasarse días, o incluso meses...todavía no me creo que haya estado contigo, es una sensación extrañísima, el tiempo se me ha pasado volando. No puedo negar que quiero volver a tu lado. Pero te prometo que tarde o temprano volveré, por favor, espérame.
Te quiero.

"Big lights will inspire you..."

13 de julio de 2011

Despedida...

Me quedan por escribir dos días, pero ni he podido parar en el hotel para hacerlo y cuando he llegado estaba demasiado cansada como para pensar. Y ahora ya ha pasado el tiempo y ha llegado el día de volver a casa.
No sé cómo expresarme ni sé cómo empezar a escribir ahora mismo...estoy en un estado extraño, estoy triste por irme pero aún no me creo que estoy aquí.
Me acuerdo del día en el que me enteré de la noticia, está grabado en mi móvil, era en Madrid, después de que el coche se estropeara y estábamos en una terraza refrescándonos...mi tio me dio que se iba a Nueva York, y yo empecé a decirle que cómo se iba a Nueva York y a mi no me llevaba (en parte broma, en parte verdad)...mientras tanto me sacaban fotos y yo no sabía por qué, hasta que mi madre me lo dijo. Ese día lloré de emoción. El resto, me los pasé mirando la cam todos los días y buscando en google todo lo que podía sobre Nueva York, a la vez que tenía que compaginarlo con estudiar (nervios y estudio nunca han sido buenos), pero sirvió como motivación.
La semana anterior no paraba de hablar y hablar sobre todo lo que iba a hacer y todo lo que iba a ver y lo bien que me lo iba a pasar. La noche antes, estaba en un estado de paz extraño, porque ya empezaba a no creérmelo.
Me he pasado ocho horas metida en un avión, sin iPod y con unas cuantas películas para ver en la pantalla de la butaca. He dormido de mala manera y terminado con dolor de cuello. He pasado un calor tremendo aquí, me he bebido más de tres botellas de agua al día. También he pasado frío, pues en cada tienda tenían aire acondicionado a tope y el cambio de temperatura era brutal...¿pero y el gustito que daba?
He aprendido a llamar un taxi en medio de una calle, he aprendido lo rápido que van los ascensores en el Empire State y en el Chrysler Bldg., he aprendido a usar el metro (junto con mi tio), he aprendido que entre la 5ª y la 3ª Avenida hay tres avenidas más: Madison, Park y Lexington; he aprendido arte e historia, he aprendido que si estornudas cualquier conocido te dirá "bless you" con una sonrisa, que los policías te saludan muy simpáticos cada vez que te ven y que no comen rosquillas, sino manzanas; he aprendido que en cualquier sitio te venden comida para llevar y que en un supermercado puedes encontrar de todo (hasta jamón serrano), que cualquier persona te ayuda y te pide perdón muy amablemente (casi arrepentida) cuando se chocan contigo o se meten en alguna foto, he aprendido que "la cuenta" en inglés americano se dice "check" no "bill", que las sirenas de las ambulancias empiezan a sonar pero no terminan, que en la mayoría de los edificios no hay piso trece por eso de la superstición, y que en los parques infantiles hay cuidadores.
He disfrutado con el continuo olor de chocolate en la tienda de M&M's. Me han brillado los ojos como a una niña pequeña al ver las tiendas de juguetes, los autobuses escolares o al oir la musiquita del carrito de los helados y ver a todos los niños corriendo (qué americano todo ¿no?)
He experimentado sensaciones nuevas como la de subir a un helicóptero. Me he empapado bajo la lluvia neoyorquina.
Me he alimentado de perritos calientes y rollos de pollo que daban en los puestos de la calle, además de chocolate caliente. Me he dormido en autobuses, metros y trenes. He sufrido un dolor de piernas y pies exagerado, pero eso me hacía pensar que había gastado el día bien y no había perdido el tiempo.
He visto salir vapor de las alcantarillas y gente disfrazada de toda clase de personajes.
Querida Nueva York, te he visto de todas las maneras posibles: en bici, andando, en helicóptero, desde rascacielos, de noche, de día, con tormenta, con un solo abrasador, desde un barco, desde la bici...eres tan preciosa e inigualable como me imaginaba, y me atrevo a decir que en la realidad lo eres más. Me he sentado durante mucho tiempo para verte vestida de noche en Times Square y he dejado la ventana abierta todas las noches para verte por las mañanas recién levantada.
He andado por tu Manhattan muchas veces, de arriba a abajo, de derecha a izquierda...no me canso de ti, cada día es algo nuevo lo que te hace eclipsar a otras ciudades. Me encantas desde Brooklyn, desde Queens, desde mi hotel...aún no sé cómo me empezaste a gustar de tal manera, pero te convertiste en mi sueño...y te has cumplido.
Supongo que cuando llegue a mi casa seré consciente de lo que he vivido durante toda esta semana, y de que he pisado tus calles y hablado con tu gente, y me pasaré días y días triste.
Sé que me acordaré de todos los neones de Times Square y Broadway, los pitidos de los taxis, el continuo murmullo de la gente, las vistas desde el Empire State, el olor a perrito caliente, y otras veces a vainilla, mirar hacia el cielo y ver los rascacielos altos altos sobre mí, bajar a la playa del East River para ver parte de ti con el puente de Brooklyn.
Eres la ciudad perfecta, lo tienes todo. Es imposible estar triste contigo. No tienes peligro. Sabes divertir. Enseñar.
Esto no es un hasta luego, recuerda que no será la última vez que te vea. Gracias por todo, Nueva York.

12 de julio de 2011

Dia IV (9-7-2011)

(Primero, siento escribir con un día de retraso siempre, pero es que voy con el tiempo justo)
Este día fue aquel que nos tuvimos que levantar a las cinco y media de la mañana para ir a Washington D.C, capital de los Estados Unidos. Dado que somos unos tardones y se nos viene el tiempo encima, tuve que hacerme la neoyorquina y llamar a un taxi en medio de la carretera, qué horror (sí, va con ironía).
Conseguimos encontrar la vía que era, pero mientras tanto desayunaba una muffin riquísima de chocolate acompañada de chocolate caliente.

 Y después de correr entre la gente para encontrar el mejor sitio en el tren (la fila derecha al ladito de la ventana), partimos. Pasamos por Philadelphia, y no pude evitar acordarme de Carolina y sus bocadillos de queso.

Pretendía ver las tres horas de paisaje, pero me quedé dormida...cuando abrí los ojos, ya habíamos llegado a Washington y la gente ya empezaba a moverse. Comenzaba nuestra caluroooosa, agotadoooora, agobiaaaaaaante caminata hacia el capitol, el obelisco, el memorial a Lincoln y, por último, la Casa Blanca.

 Por el camino nos encontramos ardillas, a las que decidí alimentar con Pretzels...no sé quién tenía más miedo, si la ardilla o yo. Cuando ella se acercaba yo me alejaba, y si me alejaba, ella se iba corriendo pero volvía y se ponía a moverse en círculos alrededor mío para quitarme la bolsa. Al final cogió el pretzel, sí, de mi mano.

Y he aquí el Capitolio, Obelisco y Casa Blanca (y mi cara de estar muriéndome de calor, que no sé cuántas botellas de agua llevaba ya bebidas antes del medio día).









Terminamos visitando el Museo Corcoran, que era arte moderno (viiiiiiiiva). Una pena que no se pudiera tocar, oye.


Como una enana me lo pasé. Pero eso fue después de comerme un perrito caliente seguido de un wrap de esos tan ricos que hacen por aquí (a mi el calor me da mucha habmre).
Fuimos al cementerio de Arlington en metro (UN CALOR HORRIBLE) para ver la tumba de John F. Kennedy, y me sorprendió mucho el hecho de que el cementerio pareciera más un sitio turístico que un cementerio de verdad...¡tenían hasta tienda! Vimos el homenaje a las mujeres que murieron en la Segunda Guerra Mundial y la tumba de Kennedy, porque el calor ya era demasiado.


Por último, el memorial a Lincoln, enorme sentado en su sillón de mármol frío y con vistas a todo Washington. Por cierto, se me olvidó decir que en el camino hacia el Obelisco había una fiesta de las típicas americanas, con un montón de puestos y mucha música. Y es que eso te sube la moral muchísimo, toda la gente por ahí, te sonríen...y además, descubrí que si estornudas cualquier desconocido te dice "bless you!" muy simpático.


 No puedo contar mucho más porque nuestro tren salía  las siete y tuvimos que cruzar desde Lincoln hasta la estación en menos de media hora y con un Sol horroroso...no había bebido más agua en mi vida.
De vuelta en el tren, el aire acondicionado estaba a tope y al principio se agradecía, pero después ya era exagerado y no teníamos nada para taparnos...además, nos quedamos parados en medio del camino porque el tren de al lado se había estropeado y todos los pasajeros tenían que venirse al nuestro. Después, por culpa del aire acondicionado, el nuestro se apagaba cada dos por tres y hubo una vez que se paró...ya me temía que nos quedáramos a dormir allí esa noche, pero no. Eso sí, llegue al hotel más muerta que viva. Pero Washington merece la pena, prometido.




10 de julio de 2011

Dia III (8-7-2011) Parte 2


 Esto de tener que escribir dos entradas para contar un día porque no me deja subir todas las fotos que quiero...En la foto de arriba es cuando por los auriculares me pusieron Empire State of Mind a piano (mi canción favorita de Nueva York) y bueno...mi cara dice lo pensativa, filosófica y emocionada que me puse.

(Me encantan los autobuses escolares)
Después de tocar suelo con el helicóptero, nos dimos un paseillo hasta el puente de Brooklyn y creí que me moría del calor sofocante que me estaba cayendo encima. Pero mereció la pena...








Claramente, tenía que darle un beso (aunque mi cara sea para tirarla por ahí pa' abajo).
Comimos en Brooklyn, en un restaurante americano de los típicos, así oscuros y con una camarera vistiendo una camisa a cuadros. Nos pusieron unas hamburguesas riquísimas (y no las del McDonalds). Después bajamos a la playita al lado del puente, donde se veía todo el Skyline y donde desembocaba el mar sobre el East River (que no es lo mismo que el Hudson). Era como un pequeño oasis en la jungla de cemento y cristal.

 Por último, visita al Rockefeller Center, a una tienda de Lego enorme, y al Radio City Music Hall. Teníamos pensado ir a Chinatown, Nolita...pero empezó la tormenta esa que tanto me gusta y tuvimos que volver al hotel, mi tio escondiéndose por debajo de los edificios y yo andando debajo de la lluvia, tan feliz. Me encanta cuando llueve en Nueva York...


...bueno, me encanta Nueva York.

Dia III (8-7-2011)

Uf, este día. Vaya experiencia.
Nos levantamos pronto como siempre, y nada más abrir los ojos ya estaba viendo desde la ventana mis adorados rascacielos (todas las noches la dejo abierta para dormirme viendo todas las lucecitas)...mi primera frase de la mañana fue, entre bostezos: "Qué bonito..."
Bajamos a desayunar al bar de siempre pero esta vez desayunamos como americanos de verdad.

Y, aún con el desayuno en la boca, al metro (donde, por cierto mamá, me he enterado de que hay ratas enormes). Ya le vamos cogiendo el truco, porque el primer día...madre mía.

Camino a Wall Street se subió una chica medio borracha que iba bebiendo alcohol tapado con una bolsa (porque está prohibido beber en público) e iba contando no sé qué historia (este es un dato no relevante pero me apetecía contarlo).
Y, por fin, llegamos al centro de los negocios en Nueva York...nada más salir de la boca del metro, se podía ver una oleada que ocupaba toda la calle de hombres trajeados con maletines y tecleando en su Blackberry como posesos, mujeres con tazas enormes de café para llevar...había que arreglárselas para entrar en la marea sin terminar aplastado.





Y cuando mi estómago empezó a avisarme de que ya era hora de comer (por gula más que nada) me compré un pretzel (galleta/pan típica de Estados Unidos) relleno de jamon york y queso derretido. Riquísisimo.


De repente, en medio de todo el gentío que se quería hacer foto con el famoso toro de Wall Street y con Battery Park al fondo, mi tio me dio la gran noticia (chan chan chaaaaaaaan): IBAMOS A SUBIR EN HELICÓPTERO.
Mi primera reacción fue decirle: Mentira, no me lo creo.
Pero sí, así era.
Esperando a que nos cogieran, podía ver el puente de Brooklyn de fondo (mi puente bonito, la de veces que lo habré visto yo en fotos y es aún más guapo en la realidad)...más tarde, nos pesaron y nos pusieron a hacer cola; y claramente, empecé a impacientarme. Pero todo llega, y eso no iba a ser menos.




Es precioso ¿verdad?

9 de julio de 2011

Dia II (7-7-2011)

Vimos también Strawberry Fields, donde mi tio se puso a decir "Pero y dónde están las fresas?" y el recordatorio "Imagine" de John Lennon, donde sigue esa rosa en el medio, luchando contra el tiempo. Estaba rodeado de gente, y justo enfrente del Dakota Building, donde fue asesinado y donde viven los ricos de los ricos de los más ricos de Nueva York.




Después, visitamos la tienda enorme de M&M's en Times Square, parecía hecha de arco iris...todos los M&M's estaban metidos en tubos gigantes, cada uno de un color y rodeando la tienda. Había un olor continuo a ellos, era un placer estar ahí. Eso sí, una bolita de nieve pequeñísima nos costó 11.92 $ cuando nosotros pensábamos que costaba dos.
Y conocí al famoso Naked Cowboy (que conste que iba en calzoncillos). Y AL MONSTRUO DE LAS GALLETAS.



Por la tarde fue esa en la que saludé por cam y después fue muy raro ver los pantallazos y verme allí, en esa cam, desde la que yo había estado observando y observando Nueva York durante meses.
Después visitamos el Hard Rock Café New York (donde me tengo que coger la camiseta, que no se me olvide).








Sí, salimos ahí, detrás de la chica. Nos tenían a todos saludando como a tontos porque pintaban corazones y hacían cosas raras en la pantalla. Así es el ser humano, se ve en una pantalla enorme y se queda toda la tarde saludando para verse.
Después fuimos a ver la biblioteca pública, y mi jet lag terminó por atacarme. Me quedé dormida en las escaleras.


Para terminar este gran día, subimos al Empire State. Tantas veces he soñado con subir, tantas veces he soñado como era por dentro (y no cambiaba mucho)...y al final, lo conseguí. Mejor aún que en las fotos. Altísimo, imponente, el mundo a nuestros pies. El ruido lejano de la ciudad mezclado con los gritos de asombro de todos los que allí estábamos...irrepetible.